Dependencia de personas clave.
El negocio funciona porque dos o tres personas saben cómo va todo.
Seis patrones de disfunción que se repiten entre empresas muy distintas. Si alguno describe vuestra semana, probablemente sabemos por dónde empezar.
Cada tarjeta lleva al detalle completo del patrón: síntomas, coste real y por dónde entraríamos.
El negocio funciona porque dos o tres personas saben cómo va todo.
Seis apps, cinco hojas de cálculo y mucho copy-paste manual.
Los mismos errores vuelven porque el proceso los genera.
Dirección se entera cuando ya han impactado al cliente.
Los traspasos entre equipos viven en correos, llamadas y memoria.
Cada nueva persona o cliente multiplica la fricción en lugar de diluirla.
Síntomas reconocibles, el coste que suele esconder cada patrón y la intervención con la que solemos entrar.
El conocimiento operativo vive en la cabeza de dos o tres personas. El negocio aguanta porque están. Si faltan, se para.
Sacamos el proceso de las cabezas y lo ponemos en el sistema: mapas de proceso, ownership explícito y estándares mínimos. No sobredocumentamos: documentamos lo que se usa.
ERP por un lado, CRM por otro, hojas intermedias, chats para decisiones. Nada habla entre sí. La misma información se introduce tres veces.
No añadimos otra herramienta. Integramos lo que ya usáis, automatizamos los traspasos manuales y eliminamos duplicidades. El nuevo stack es el actual, mejor conectado.
Errores que vuelven cada mes, cada cliente, cada pedido. Se corrigen en el momento pero nadie aborda la causa.
Cuantificamos el coste del retrabajo. Vamos a la causa raíz — normalmente un handoff sin reglas o una validación que no existe — y la corregimos en el flujo, no en el síntoma.
Dirección se entera de los problemas cuando ya han llegado al cliente. Los informes dicen cosas distintas según quién los prepare.
Un panel operativo único con datos actualizados automáticamente desde lo que ya se usa. No un dashboard bonito: los 6–10 indicadores que informan decisiones reales.
Varias sedes, varios equipos, varias funciones. Los traspasos se hacen por email, llamada o memoria. Nada queda trazable.
Un flujo único para el trabajo que cruza equipos, con estados, responsables y tiempos. No cambia quién hace qué, cambia cómo se pasa el testigo.
Lo que funcionaba a 15 personas ya no funciona a 40. Contratar más gente empeora, no mejora. El proceso no escala con el tamaño.
Reemplazamos procesos heroicos por procesos aburridos. Estandarizamos lo repetible, delegamos lo delegable y dejamos en dirección sólo lo que debe estar ahí.
También dejamos claro cuándo el diagnóstico apunta a dirección, gestión o liderazgo en lugar de proceso operativo.
Nos contáis qué se rompe. Os decimos si sabemos arreglarlo.